El eterno retorno...
He vuelto a encontrarme con los sentimientos, los ajenos, -los propios intenté ponerlos en orden mientras transcurría Septiembre-. Cómo somos los seres humanos, constato para mí una vez más. Sí, la peor de las especies, a pesar del encefélo tan desarrollado que poseemos, (no hay más que echar un vistazo a lo que sucede en el mundo) y, sin embargo, qué vulnerables emocionalmente, qué solos nos sentimos, qué indefensos. "Globalmente" nos comportamos como alimañas que perdieran el control y empezaran a devorarse, pero individualmente, "tomados uno a uno" como dice Goytisolo, los humanos somos como Kin-kon: tan tiernos, tan enamoradizos, tan pasionales, tan temerosos... Como él, no comprendemos porqué se nos hace daño, como él también, somos incapaces de reconocer que, a veces, damos miedo, que no somos más que bestias.
